COVID-19: Una nueva cosmovisión geopolítica multilateral y digital


COVID-19: Una nueva cosmovisión geopolítica multilateral y digital

Sólo hay un camino hacia la felicidad y es dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad, dijo Séneca en un aforismo con ecos de la oración de serenidad…

El Covid-19 aparenta desbordar cualquier facultad de análisis, previsión y planificación; hasta en las ciencias más duras.

Nuestra actual relación con el planeta y la naturaleza, rauda e inaprehensible, nos hace ver con un sacudón nuestra vulnerabilidad como especie, nuestras faltas y falencias. Hace replantear nuestro compromiso social. 

Estamos enfrentando una pandemia que va más rápido que cualquier posibilidad de acción, pero este hecho adverso no nos debe llevar a la inhibición paranoica del pensamiento.

Creo que la mejor palabra con la que se puede describir este momento, es amiguedad. Entendiendo a algo ambiguo como algo a lo que se lo puede interpretar de diferentes maneras y es comprensible estar ansioso al respecto; millones de vidas están siendo interrumpidas inesperadamente; la infoxicación, la incredulidad y la negación abundan; y el número de muertos está aumentando drásticamente. La filosofía de Simone de Beauvoir puede ayudar porque señala que ser humano es vivir en la ambigüedad y la solución no es eliminar la incertidumbre, sino reconocerlo como la condición de la existencia.

El orden mundial quedó al desnudo y sin estructuras lo suficientemente robustas para dormir una crisis sanitaria que disparó un verdadero debacle global financiero y ello conllevará, sin dudas, a un cambio inexorable en el sistema geopolítico internacional.

La actual coyuntura representa, quizá, el mayor desafío en el mundo contemporáneo desde las dos guerras mundiales, e incluso, tal vez, por sus dimensiones y el número de actores implicados, sea el mayor reto de nuestra especie en función de su propia supervivencia.

Ésta situación no tiene antecedentes en los 75 años de existencia de la Organización de Naciones Unidas. Acabando con la vida de miles de personas, destrozando la economía a nivel global, donde los trabajadores de todo el mundo podrían llegar a perder hasta 3,4 billones de dólares en ingresos. Como declaró António Guterres, secretario general de la ONU: “Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común. Estamos en guerra con un virus”.

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China –potencia económica mundial– sufrió de una drástica disminución de la demanda de sus productos y cierre de industrias, como consecuencia de la cuarentena de su población. Decisiones que han tomado paulatinamente otros países, provocando la interrupción de las cadenas de producción, la disminución de los flujos comerciales a nivel internacional, pérdida de ingresos, rentabilidad y empleos en todo el mundo. 

Cuando creíamos que lo podíamos todo a través de la tecnología, la naturaleza nos pone en otro lugar. Necesitamos repensar y replantear la economía completa, interpretar una nueva visión para hacer frente a este escenario venidero.

De lo que se puede estar seguro es que, a corto o mediano plazo, ningún país podrá combatir la pandemia -ni el post COVID-19- sin la cooperación regional y/o mundial. Nos aproximamos a un periodo de multilateralismo moderno, crecientes relaciones bilaterales y por sobre todo, nuevos marcos de cooperación e investigación científica.

La pandemia está ejerciendo presión sobre los sistemas de salud de todos países por igual, disminuyendo las brechas que antes los separaban y distinguían. De hecho, la OMS advirtió que el colapso sanitario por el coronavirus puede aumentar las muertes de enfermedades tratables.

El rápido aumento de la demanda de instalaciones y profesionales sanitarios amenaza con dejar a los sistemas de salud sobrecargados e incapaces de funcionar eficazmente.

Lo que a partir de ahora, a nivel mundial, esperamos que traiga como consecuencia, es un mayor apoyo a los sistemas sanitarios y el estudio, implementación y desarrollo de políticas públicas.


La guerra fría da tregua 

Desde un punto de vista político, medios de la República Popular China alimentaron la teoría de que los Estados Unidos había sido el responsable de generar y llevar el virus para perjudicarlos. Sin embargo, el mismo presidente, Donald Trump, fue quien tomó la palabra, estigmatizando al Covid-19 como “virus chino”. Ni una pandemia pudo atenuar la puja entre las dos potencias más importantes. 

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Por el momento, ésta batalla parecer estar siendo “ganada” por el gigante asiático que no solo logró reducir los contagios luego de 56 días de cuarentena, sino que también está contribuyendo con asistencia médica para ayudar a Italia (al igual que lo hizo Alemania enviando un avión sanitario para trasladar infectados hacia ese país) y otros países, como Argentina.

Mientras Estados Unidos demuestra la deficiencia de su sistema de salud, y su escasa solidaridad con el mundo. Ha intentado politizar la pandemia y estigmatizar a China, mostrando hasta la fecha un enfoque escasamente cooperativo y de marcado carácter unilateral y belicista, aprovechando este contexto para el impulso de su país por sobre la superpotencia asiática.

El gobierno de Xi Jinping está dejando el claro, que se encuentra mucho mejor preparado para el futuro, y ahora va a sumar su influencia en el ámbito sanitario a la que ya había ido acumulando en otras vertientes, como la tecnología, investigación, industria, finanzas  y generación materias primas.


Nuevas estrategias: La educación 100% virtual

Un nuevo aspecto que se verá radicalmente estudiado, sobre todo en América Latina, es el de la educación online. Otras de las vulnerabilidades que destapó el Covid-19, son la falta de respuesta de las instituciones educativas que se vieron comprometidas, debido a las cuarentenas que se expandieron a lo largo del mundo, no permitiéndoles a los alumnos poder concurrir a los diferentes establecimientos educativos.

En su mayoría, las instituciones educativas recurrieron al uso de las TICs, en especial por el uso masivo de dos tipos de tecnologías ambas basadas en el concepto nube: plataformas de videoconferencias para simular aulas virtuales y servicios de almacenamiento para subir información pedagógica. Si bien algunas universidades cuentan con plataformas del tipo “web campus”, el uso que se les da las mismas termina siendo el de repositorio de información.

Pero dentro de un planeamiento integral de educación online y trabajo a distancia, aún nos queda mucha tela que cortar, un primer problema de este nuevo escenario está relacionado con algo que muchas veces damos por sentado y se encuentra asociado a la infraestructura. Plantear un esquema 100% virtual implica contar con, al menos, un dispositivo electrónico y una óptima conexión a Internet. Si bien la penetración de Internet en Argentina es una de las mayores en América Latina, no deja de encontrarse lejos de un modelo totalmente inclusivo y las velocidades de descarga no se encuentran siempre compatibles con los requerimientos de un servicio de streaming de audio/video. Según datos del año 2019, la cantidad de accesos cada 100 hogares es del 65,8% y la velocidad promedio de descarga es de 6Mbps. 

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Otro problema que se plantea es que estamos incorporando contenido pedagógico y metodología offline a un espacio virtual. Si entendemos que nuestro objetivo en la clase será bajar un mensaje a un alumno sobre un concepto determinado, tengamos presente que ellos llevan años luz de ventaja “googleando” y “streameando”.

Cuando hablamos de transformación digital, en la educación, no solo basta con pensar una plataforma que sirva como repositorio, sino en adaptar los materiales analógicos a los nuevos lenguajes, lógicas de uso, adaptación e interpretación de los contenidos.

Home Office, más que una tendencia

De igual modo, muchas compañías han optado por mitigar el riesgo recurriendo al home office o trabajo desde casa para evitar que los empleados se contagien y propaguen el virus. Los empleados utilizan plataformas virtuales para efectuar reuniones, realizar capacitaciones, informar y seguir el avance de tareas con sus compañeros y jefes. También comparten información sobre su estado de salud. En el último mes ha aumentado el uso de aplicaciones y plataformas de apoyo al trabajo móvil, comunicación unificada, organización de contactos, videollamadas y mensajería.

Las soluciones de teletrabajo que se están tomando ante esta crisis sanitaria pueden crear una ventana de oportunidad para su adopción de forma más generalizada. Pero hacerlo de manera apresurada supone muchos riesgos, no solo a nivel organizacional, sino también a nivel financiero. 

Un futuro transformado

Sin dudas, la pandemia generada por el Covid-19 marcará un antes y un después en nuestra historia. Tanto en nivel político, social, cultural, económico, sanitario, educativo, laboral; entre otros, se sufrirán grandes cambios.

Se prevé que muchos países latinoamericanos y europeos van a necesitar la asistencia económica que una superpotencia como China puede garantizar a través de instrumentos financieros como el Banco de Inversiones en Infraestructura. Poco puede durar la lealtad de muchos gobiernos para con Estados Unidos si la necesidad tiene rasgos orientales.

Habrá que prestar atención a la consolidación de nuevos polos de poder tras la crisis en la zona oriental del planisferio. Además de China, Corea del Sur y Japón manejaron el problema con éxito. Estos países ya son virtuosos en términos financieros y comerciales, ¿podrán ser parte de un mismo eje? 

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Por otro lado Italia, Francia, España y Alemania parecen estar cada vez más cerca.

Un reordenamiento del mapa global es algo esperable en este tipo de colapsos. Es aquí donde entran en colisión una vez más las democracias liberales con los proyectos asiáticos autoritarios pero con planificación y resultados.

La digitalización salvando el día

Hay muchas expertos plantean el atravesamiento digitalidad en la vida cotidiana pero, personalmente, creo que estamos en la antesala de la revolución digital. Sólo en días como estos comprendemos la importancia de las herramientas digitales. Es precisamente esto lo que está permitiendo repensar nuestras relaciones sociales, y en caso de América Latina, permitió una mayor preparación observando en tiempo real lo sucedía en Europa, tomando cartas en el asunto con mayor rapidez, implementando estrategias de acción con más eficacia que el viejo continente. 

Haciendo así de la tecnología, una herramienta transformadora con gran capacidad de acción y reacción que existe, es una herramienta horizontal que permite gestionar en tiempo real la complejidad cambiante. Ya está haciendo efecto, está habilitado y conectado equipos de investigación de todo el mundo para crear la vacuna, formando a millones de personas, conectando y sosteniendo algunos negocios, siendo la plataforma sobre la que ocurren y van a ocurrir las cosas.

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Estamos viviendo la primer pandemia mundial en la era digital. Sin dudas que el mundo va a cambiar y van a comenzar a tomar protagonismo epistemológico realidades del bien¹ , en un sentido Platónico, que hasta hoy las veíamos lejanas.

Para muchos países hay una gran oportunidad para afianzar un camino hacia el futuro, inmerso en un nuevo contexto geopolítico y, también, es momento de trabajar en nuevas figuras de la política, una nueva generación. 

La pandemia del Covid-19 es una prueba. Es una prueba de capacidad médica y voluntad política. Es una prueba de resistencia, tolerancia y capacidad de adaptación.

¿Quienes tomarán la delantera y quienes quedarán relegados?

Nota al pie:

¹ Según Platón, la idea de bien es la idea suprema de su Teoría de las Formas. Platón nos presenta la idea de bien como el objeto más adecuado para el alma y causa de la realidad, perfección y verdad de las cosas.

La Idea del Bien es el principio mismo de todas las demás Ideas, no puede estar sometido a ningún otro principio posterior, pues la idea de la que todas las demás participan no puede ella participar de nada por encima (está más allá de la esencia).


Alejo Sarmiento

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